conversión

En un momento me di cuenta de que no tenía más para decir, y esto era real y absoluto, como el cadáver de un hombre que no iba a revivir, ése era yo. Ya había hecho y dicho todo, todo lo que me pintaba, me surgía, quería o me carcomía, estaba todo desparramado en el mundo y ya comenzaba a olvidarlo. Así que morirme no me iba a morir, ¿para qué? La muerte no arregla nada, es otro comienzo, no borra nada, sólo perpetúa las cosas que están para ser dejadas atrás. Tampoco hay tanta necesidad de borrar: aprendí a vivir con la vergüenza, aprendí a vivir con la lujuria y con la frustración, las saludo, están ahí, cada vez menos interesantes.

En el medio, una laguna de paz donde existís y no existís al mismo tiempo. Es raro, ¿no? Vivir y olvidar, saber que viviste y no acordarte. Pero hay algo que sabe, como la sensación de lo que soñaste y no lográs recordar del todo.

En definitiva, te baja como una voluntad y bienvenida porque yo soy medio vago, medio dejado, nunca organizado, entonces qué me lleva, qué hace, si soy un inútil (no en teoría pero en los hechos sí), y sin embargo las cosas van saliendo, y no soy yo el que las hace. Pero la tranquilidad se instala. Me dejo llevar, cierro los ojos y veo mejor porque es más nítido el pulso de… Hay algo, definitivamente. Algo que hace.

Por Arduo Servidor

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