Veredas, muchas veredas.
Cuadras largas y cansadoras.
Suelas chatas y piedras.
Los perros son personas que aman.
Chimeneas. Estaciones.
El ruido constante de motores en la avenida.
Gatos exploradores. Gatos que se asoman desde las altas ventanas de los apartamentos.
Casas. Casas nuevas, casas viejas. Edificios nuevos. Potencialmente feos.
Casas. Casas viejas, abandonadas, ideas vencidas de otro tiempo. Obsoletas. Despreciadas. Destruidas. Bellas. Las casas viejas son personas que aman. Las personas no suelen amar en estos tiempos. Las personas suelen construir casas nuevas, casas sin alma, y ni siquiera respetar a las casas viejas, sino construirles encima. Un acto simbólico de territorialidad, injusto y prepotente.
Gente que camina sonriente. Gente que arrastra las piernas. Gente que llora mientras camina. Gente que baila mientras camina. Mucha gente y muy distinta todos los días. Ramificaciones de historias y experiencias y universos que coexisten en estas calles.
Olores. A comida amorosa, a pichí amargo, a hollín asesino, a néctar dulce en la primavera frondosa.
Monumentos, recuerdos, visiones de otro tiempo. A la ciudad le pasa el tiempo como a las personas. Hay ciudades que aman y otras que no. Las ciudades tienen un espíritu, ¿cómo es el de la mía?
Una ciudad de contrastes. Con cicatrices que delimitan zonas. Extensa, enorme. Con gente por todas sus partes.
Árboles, flores, arena, mar, cantegriles, shoppings, arroyos. Cantegriles de algunos kilómetros cuadrados, atravesados por rutas. Cantegriles de una veintena de casas, al borde de un arroyo, en un parque arbolado, muy lejos del Centro. Las lucecitas colgando al viento. Shoppings que apagan el alma, aunque sea por un rato. Un cerro y un cerrito que se miran cómplices.
Casas. Casas con patios, con árboles, huertos. Perros. Perros en casa, perros en apartamento, perros en calle. Personas en calle. Muchas, revolviendo la basura, buscando algo para comer. Miseria, problemas, dificultades, burocracia, resentimiento. Personas abandonadas por las demás. Otras que se abandonan a sí mismas. Como las casas viejas, recicladas o derrumbadas.
El aire salobre atravesado por pensamientos y ondas de radio. Los cuartos viciados de internet. La gente que no sabe qué hacer. Qué hacer con su tiempo, qué está bien y que está mal. La gente somos unos ignorantes. Qué le vamos a hacer.
Un mar vasto, muchas plantas y mucho caos. Estaciones muy definidas pero sin nieve. Geografía ondulada y con arroyos. Toda construida tal cual un prodigioso hormiguero, que penetra en el mar tímidamente, con sus puntas de rocas.
Y gente, todo el tiempo gente, que prefiere no mirarse.
Por Sara de Barro