dentro|fuera

salí a comprar cigarrillos y me encontré con nuestra memoria convertida en las ruinas de un derrumbe mudo
todo es escombros esparcidos donde solía estar la vereda
que me tropiezan y evitan a los demás
de la casa francesa de la esquina que esa vez fantaseamos habitar sólo quedan los cimientos, garras de muertos vivos que del suelo quieren escapar
del café donde nos sentamos a reír sólo quedan las columnas, enlaces macizos con el cielo esquivo
la calle se estira hecha hueco lleno de polvo, inhóspita como tu mirada, austera como tus maneras,
recuerdo de berlín en la posguerra
las grúas quietas como mojones emergen culpables de la destrucción, irguiendo sus largas vergas en medio de la victoria,
afilando sus puntas para escribir la Historia
tiras de nailon amarillas dirigen el camino hacia un destino a pesar de intrincado anunciado, si bien esperado nunca asimilado
eterno laberinto que muere y morirá en el mar porque a ése sí que no lo pueden derrumbar
tampoco al invierno, al azul tibio de las montañas ni al vuelo ralentí de los caranchos, tampoco pueden evitar que huela como a un perfume el paisaje que se escurre a toda velocidad
lejos, mucho antes del paisaje inclemente de la desolación.
–me detuve para poder recordar tu rostro–
recordé en su lugar la grieta que ignoré justo al llegar la vi avanzar a tarascones
y las luces amarillas que la rodean titilan locas como la ciudad
también ahí estuvo el sonido del avión y la idea de la huída
también entre las manos del portero entre sus dedos que se siguen estirando para alcanzar el botón que él ya sabe me va a mostrar las
ruinas de dentro y fuera


Por Pretexto Suárez

lo contrario a quedarse

(A proscenio) De pie sobre un mismo punto en las tierras de mi memoria nos miramos, tan cerca, que su aliento humedece mi naríz. En un consenso silencioso volteamos lentamente y apoyamos espalda con espalda, como tantas veces antes de dormir. Sentí al aire empujar sus costillas contra mí. Él debe haber sentido lo mismo porque, sin despedirnos, comenzamos a andar.

(A foro) Quisiera mostrarte el rocío congelado justo antes de caer sobre el suelo seco de La Pampa que me hizo pensar en tu rostro difuso sobre la playa de Costa Negra esa mañana después de la lluvia.

(A proscenio) El muchacho que sirve café al borde de la noche esboza una sonrisa humilde, llena de resignación convertida en amabilidad. Con el ascenso del día la bruma se disipa y puedo ver con claridad las palabras que usé.

(A foro) Pienso en lo que podría haber hecho en tu lugar.

(A proscenio) Entiendo que sumergidos en el aire diáfano no recordemos la densidad de la bruma que solía ocupar este lugar. Agua en el cielo y en el suelo. El sol al borde de la muerte confunde los límites y, entonces, estamos juntos en el territorio donde conviven nuestros recuerdos.

(A foro) Este mismo sol se mete por la ventana de ese avión en el que estás a punto de atravesar la noche, inundando rostros inquietos por tener que volar.

(A Proscenio) En la frontera de mi memoria me pregunto dónde viven estas personas que trabajan en este lugar en medio de la nada, rodeado de vacas convulsas que saltan alambrados y cultivos de sorgo esporádicos.

Por Pretexto Suárez

genealogía del fuego

cuándo

¿cómo grabar una melodía 
en un tiempo en que no existe la repetición?
¿cómo llamarte desde un tiempo
en el que todavía no se han inventado los teléfonos?
por qué

en un tiempo ajeno
en un país de otros
en compañía de personas que desconozco
qué es la poesía qué es el albedrío
si no puedo elegir otro color
la poesía es el encierro y la recuperación
la poesía del encierro y la recuperación
del miedo a la palabra y su significado
como hablar sobre el origen del fuego
sobre la historia que no importa
y la importancia de ver
como un espectador
al helicóptero pasar

disparo I

disparo en el orden doméstico
lo que pensás existe si puede ser recortado
como sonido aislado
un nuevo cuadro clavado en la pared
instante colgado de la idea de que,
arrebatado,
el tiempo no volverá a pasar por ahí
disparo por el túnel
y camino el museo de tiempo y luz
buscando la pregunta que envuelve la respuesta

disparo II

es la mancha en el techo recuerdo
de un imposible café otrora
sueña al impostor por la fe dado
que saluda desde el lecho ahora
martirio de un sonido vacío
en lo alto evoca melodías
sueña juventud bajo el rocío
de ayer y de tantos mediodías
ave de piedra que piensa descubrir
en el sueño alado de quien duerme
la voluntad latente de existir
mi ojo como otros la exime
de volver a volar y deber sentir
que al tiempo se lo exprime

disparo III

te estaba mirando antes de que me vieras
te quería decir 
que en el incendio perdí todas tus fotos
vi arder nuestra correspondencia
te quería decir
que me despierto y no sé dónde estoy
solo veo paredes blancas de olvido erigidas como mausoleos
te quería decir
que no entiendo por qué te escribo
y luego quemo lo que digo
antes de que llegue a tus ojos
como un árbol a sus hojas al comienzo del invierno

disparo IV

un punto a la distancia en llamas
sorprende al ojo como una falta de hortografía
como una caída repentina
en el suelo negro donde el reflejo
arde en un mar de mármol
y viento que, como el ave de piedra,
siembra la idea del vuelo

disparo V

el fuego avanza por la ventana 
como un virus cubre la superficie
de tu piel
de tu pelo
en el reflejo de la ventana otras llamas
otra búsqueda ya obsoleta
como un cerco de casuarinas mal ubicado
como un pensamiento sobre el viento
como una carta en el correo que nadie espera encontrar
en la comisura de tu boca concentra la mueca su intención común
la de olvidar al tipo del techo, el murmullo en francés, 
la impresión del libro que leímos y queremos olvidar

disparo VI

carezco de emblemas, de miedos y fronteras
me alejo de los lugares donde soy feliz
recupero el tiempo perdido acostada en la cama
olvido compulsivamente lo que acabo de hacer
de las fobias rescato
números entre números,
canas melancólicas,
lágrimas secas sobre mi piel, 
el sonido de la sirena, 
las distancias heladas que queman,
el pasto verde blanco por la mañana,
el salto del gato sobre mi regazo,
la sangre y su olor,
el viento en mi cara,
baches de tiempo y de espacio
en la ruta trillada de mi alma
sentí hambre en otra vida y comí en esta
me dan miedo los edificios vacíos, 
un barco en el río y los espacios fríos.
¿qué cómo es el hambre de otra vida?
creo que tengo hambre desde antes de nacer
pero no digo nada
como un niño que pierde el valor del habla
en el miedo a la oscuridad
si supiera con certeza
que no volvería a verla luego de esta tarde le diría que
los ricos siempre pueden cambiar de plan 
pero los pobres no
tengo hambre desde antes de nacer
pero no
no puedo comer estos panes
porque los tengo que vender

disparo VII

es tan ajeno que me parece personal
madre no envejezcas más
es tan particular que parece universal
un día sus palabras serán mías
y el eco de sus recuerdos mi guía a los lugares donde volver
silencioso tiempo que sólo en mí vivís
la casa de Dante y ahora nada
el olor del verano, el ardor del dolor, los escalones de mi amigo
y ahora nada
más que el color de la temporada estival, el pedregullo que rascó la herida, el silencio de su muerte
todo sonido ahogado de pasos en el suelo de mi memoria
hoy me levanté para acostarme y pensar mejor

disparo VIII

en el desierto la ceguera
de un sol ajeno que revienta el suelo
como un pasaje de cualquier religión
donde un aire sabor amarillo cubre 
el silencio abigarrado que es besado 
por la uniformidad del ser que busca y no encuentra
que camina sin dirección
primero fueron las llamas
perdido en la certeza de seguir
luego el olor
y algún día entender 
que se fue para volver

disparo IX

un decorado en el museo de la complacencia
el capricho de un cerdo con ataque al hígado
ni el barco ni nosotros se movió
al tiempo, 
tu ojo mareado por el reflejo del sol, 
descubre al barco como una isla
como si no existiera para vos
estoy en el baño y no sé cómo llegué
la lluvia copiosa y el frío en mis pies
traen a mi cuerpo un tiempo atrás
sin vos bajo el cielo rojo del incendio

disparo X

parece que el tiempo está llegando a su fin

marcado por tus ojos,
el ritmo de tu respiración,
la melodía de tus pasos en el ascensor.

parece que el tiempo seguiría corriendo aunque el mundo no estuviera acá

en la calle el motor,
el grillo resentido,
murmullo de mar que se apiña en la ventana.

parece que el tiempo se repite

la misma lógica,
la duración del día,
la longitud del pasillo,
la distancia entre dos destinos,
la respuesta del reflejo en el espejo,
el abismo entre el sonido constante y el silencio absoluto.

parece que el tiempo está quebrado

lisiado se arrastra, apoyado sobre un bastón, por las calles del centro

parece que el tiempo no se mueve

no hay tiempo si no lo veo
esculpir con ademanes,
pulir con palabras,
sellar con silencio.

parece que todo alrededor del tiempo cae sin gravedad

estático como esa silueta sobre la duna,
flotando como la mirada lejana que sólo puede adivinar,
ve la vida pasar inasible como lluvia que se precipita sin avisar.

parece que el tiempo está muriendo como siempre sabe al comenzar

se estremece el parque que no caminamos,
la puerta en la que no te esperé
la silla del café,

parece que antes de que el sol decline las habré olvidado.

cómo

ahora lo busco 
y ya no está
llueve en el mundo 
y el agua borró sus huellas
grabadas aquí y allá
llueve en el mundo
y el agua barrió sus cenizas
esparcidas aquí y allá
al salir el sol
alzarán banderas en nombre de su ausencia
ahora lo busco 
y ya no está
pasaron años en el mundo
y el tiempo borró su rostro
grabado aquí y allá
pasaron años en el mundo
y el fuego quemó su voz
grabada aquí y allá
al salir el sol
voy a dejar de buscar una razón
ahora que ya no lo busco
está acá
viendo junto a mí
al resto del mundo dormir
espero que te duermas 
quieto junto a vos
la música que ya no puedo escuchar
tu respiración cada vez más lenta
las calles por las que prefiero no caminar
tu afección a la realidad
mientras me quedo dormido
lentamente voy aceptando
que estoy donde tengo que estar

Por Pretexto Suárez

mientras baldeo el piso bajo la higuera

limpiar es aceptar que durante el verano te llevo un año y en invierno dos. ahora estoy aterrizando, he pasado años volando.

13 de julio

14:53

estás cruzando el océano, sola y con miedo, quisiera estar con vos.
quisiera no haberme perdido 

18:58

y espero no haberte perdido.
silenciosa compañera de blandos caminos en
[inefables tierras
tu existencia indiferente detiene el tiempo
en un parpadeo a destiempo contradice al
[mundo
tenerte un privilegio de familias adamantinas
el recuerdo de tu mirada profunda 
como el horizonte de un océano hoy seco
evapora aún el paso del tiempo
silenciosa compañera de noches arrabaleras,
de cegueras voluntarias, de noches en busca del
[sol.

23:59

hasta la orilla, siempre.

Por Pretexto Suárez

presupuesto para corrección ortográfica

Hoy las notas se empujan unas a otras. No saben sostenerse. De repente se detienen y quedan latiendo en el aire. De una de ellas cae la mirada que no fue, el pasto de cabo polonio, la risa estridente de mi abuelo. Aparecen dos juntas e interrumpen la vibración, un nuevo clima desprende el calor al abrir la puerta del auto, luego el choque y tras él un amanecer frente al mar. Una alta, aguda y filosa despoja el lugar de las anteriores y con ella el insomnio en Donostia, el sabor de un mate agrio y el primer examen que perdí.

Ahora muchas, muy altas, histriónicas revelan la melodía del hervor de la olla en invierno, las plantas entonces invisibles, el recuerdo de la estrella. Una nota aparece y suena la voz de Bielli, huele al desierto y teme a la siguiente que irreverente la empuja al pasado. Esta es baja, grave y triste y de ella se escurre un lugar que nunca conocí, las ansias por conocer y el aroma a azufre de su rostro olvidado. Ahora una alegre agrupación se entromete en el aire, busca en el contenedor algo para comer, ignorando en el ritmo sincopado del compás, la primera vez que subí a un ascensor y el ascensor de la intendencia clausurado.

Las notas suenan familiares, como el abrazo de mi hermano, la nostalgia desde antes de nacer y el color de los ojos del marroquí. Los trinos altos, dudosos, se tambalean en el aire y empujan desde lo alto a la araña que fue mascota, al perro que tiraba de su correa y ahora llueve en cabo polonio. La melodía escupe un consejo viejo y conocido, mis cachetes colorados, mis ojos reventados por la preocupación de antaño.

Ahora, desordenadas, vomitan una casa recién lavada, los dedos contra la tela del vestido, los zapatos en fila. Se dirigen a una maraña y quedan atrapadas en las calles vacías, por momentos frías, se desenredan y donde estaba el enredo quedaron las noches por Barrios Amorín, el bar de Pedro y un invierno en cabo polonio. Las que suceden se parecen a un morro, entonces también a Lou Reed, a la ausencia de un brazo. Las negras, sin embargo, exhalan edificios altos rodeados de sombras duras, adoquines y maniquíes. Las nuevas, tal vez por culpa de las anteriores, bailan como marionetas que cuelgan de la vidriera, lejos de las manos de los niños que le darán vida a sus cuerpos inertes. Tres veces la misma nota y con ellas la foto de la chapa de la moto, una cadena de palabras inútiles y sueños de príncipe azul.

Entre notas el tiempo se escurre, frente a vos el tiempo se detiene pero corre furioso, como el Danubio, a tu alrededor. Cuando la música deje de sonar y el tiempo vuelva a andar vas a entender todo lo que aconteció bajo ese puente hilvanado con pequeñas tiendas medievales. Siempre podés condensar en una melodía al verano pasado. Hoy las burbujas del vino me recordaron caminando por esa calle. La ciudad oscura por la tormenta escupe esas noches de otro, viejas y oxidadas, que suenan a metal en el movimiento del pensamiento. Es la misma luz del mismo sol colándose por la misma ventana, sin cortinas, pero yo no soy el mismo. Este silencio, tibio, es el mismo de siempre. Los perros no debían ladrar, y no ladraron. Recuerdo sus piernitas corriendo por el pasillo envueltas en risas, hoy las veo de pie, largas y ancianas, frente al piano. Con una sonrisa en los dedos me muestra sonidos que puedo oler. En ellos se esconden años de tiempo muerto, de videoclubes y librerías. Hoy en este tiempo siento vibrar el otro tiempo, el que fue y el que no.

Hoy, ¿dónde estaba yo cuando no estaba?

Te puedo ver niño, sentado en la falda triste de tu madre. Te veo risueño en el jardín de tu casa, te veo furioso armando el bolso. Tu cara lleva hoy líneas profundas, erosión del aire del tiempo. Hoy, en este amanecer, te pienso y vos sos todos. También el gato, que me ignora mientras escribo. Llevo conmigo un dolor viejo, que resiste a la tristeza y también a la alegría. El calor me trae el frío de los años en Praga, pienso en mis huesos helados entonces, en el temblor de las piernas. Imagino mi boca puesta en el mismo lugar de siempre, instalada en la parte baja de mi rostro, y la recuerdo temblar. Recuerdo dormir al atardecer, abrazado a tu cuerpo, hoy ya es de día y todavía no dormí. Las lágrimas hierven y se derraman lentas, atraviesan mi rostro y me recuerdan que en cada temporada estival llueve y hay sol.

Por Pretexto Suárez

yo sólo habito en el desierto

un sueño monótono 

e intermitente

quiere olvidar

esa conversación 

para poder

escribir

sobre el verso 

y el sonido

sobre la ausencia de frecuencias

las palabras

y la ceniza

los pies

que se mueven

a un ritmo 

que no puedo

como la intención

de matar la sed

los bordes echan raíces

ese margen, latente,

siempre solemne

que no distingue 

quién soy hoy

y que

nunca supo dejar

de ir a ese mismo lugar

que le encanta estar

sin prudencia colgó

de la puerta

un cartel y en

la pared

un tapiz

atemporal

como Víctor Hugo

uno y otro

antes y ahora

yo sólo en él habito

Por Pretexto Suárez

hoy empecé este paquete de pastillas

este lugar y quiero escribir que 

sus páginas y 

verlas llenarse

el olor de la tienda del té

saber que te voy a ver

enumerar las cosas que 

como el frío después del calor y los pensamientos compartidos 

el miedo y también las formas

el color de la noche y la tibieza del pasto durante el día 

que me pique para poder rascarme. antes 

ver películas y ahora 

ver barcos turistear por el canal 

escribir porque extraño leer. 

los saludos de los pueblerinos y las miradas fugaces de la ciudad 

hablar idiomas que no sé y dar indicaciones también sin saber

las puertas rojas y a él también

sentir lo que piensa

las estrellas y también recordar

imaginar lo que podría haber pasado

mirarme cuando no lo veo porque

mirar con atención 

cómo hablan los gallegos y las caras de los perros feos

los sonidos que no son

Por Pretexto Suárez

2000

En la oscuridad de la noche sin luna el olor de su piel me recuerda alguien que nunca conocí

bajo un blanco rocío las fuentes nunca descansan estatuas infinitas posan flechas trensadas en oro reclaman perdón

En qué piensa la gorda mira ausente y ladina distraída de la incineración de sus horas

como en un sueño ve al futuro desde la vigilia de hoy inestable como el viento se desarma para volver

sin agotarse

a armarse, todo claro como el agua en deshielo

Cerca una reja y pensó

tras las rejas las palmeras se balancean al ritmo del viento así como el futuro

recuerdos de un sueño del país de ser atractivo como aquel con lagoas

Supo que en algún momento quiso ser tan sólo un mar que ve pasar pequeñas historias y en cada ola largar un suspiro de melancolía por lo que ya no volverá

Ahora recuerda haber leído esta mañana de nuevo que Onetti murió

el día de ayer no pudo dormir por la cita de hoy

recordó ver el cielo sabiendo que un día recordaría no haberlo visto bien o al menos lo suficiente

A vos lector de corazón roto el dolor no es tu amor sino la llaga emparchada como un enigma las erres se repiten en un eco que pierde fuerza por el olvido maldito olvido se miran y en segundos envejecen

Un bostezo resume el mundo

Por Pretexto Suárez

sobre la alteridad

Ser griego significa ser

estar sin culpa

hacer la lista del super con hambre y olvidarla sobre la mesa

¡mirá, un gato!

lo dejaron crecer como es, ¿sacás?

parece que estuviera en el medio del campo

quisiera estar en el medio del campo

 

en los dibujitos aparece la mona lisa.

también recuerdo haber soñado que se la robaban.

al momento intenté retener el movimiento del pensamiento, intenté encontrar una forma de disuadir la idea inmanente, siempre presente, de desaparecer.

ahora empaquetar para la posteridad

 

vos tenés que pensar que escribir es como hablar

si me estuvieras viendo

me habrías visto cambiar el cigarro de mano

para poder escribir

y, como cuando hablás, no importa lo que decís

¿viste la música que están pasando?

los tacos de las viejas jóvenes se alejan, lejos, del callejón

es Wagner, ¿no?

un trago de vino y se seca los labios

retomá lo que estabas

 

Por Pretexto Suárez

despojos

los ojos perdidos de todos los otros que no son yo
pero
que yo podría haber sido
se alejan sin fijarse en los míos
un par de ojos me ven pero se giran
al momento
veo bocas esbozar sonrisas a sus teléfonos
los mismos ojos se acercan otra vez
desde atrás
me vuelven a ver
me alejo y veo su espalda adelantarme
esta vez sin voltearse
voy más lento y todos también
aunque tenemos tiempo no nos miramos creemos que ya tendremos tiempo
un par de ojos fijos en movimiento
por un instante
se ponen sobre los míos sin verme
¿pueden no verme?
otro par un tanto confundido
buscando otra cosa
se encuentra con los míos
con miedo natural y esquivo
¡qué profundo ese par de ojos!
temo perderme
una mano rasca una oreja
sobre esa imagen
una boca busca su reflejo
en un espejo
una cara redonda se sostiene sobre un brazo
¡qué sería de esa cara sin el brazo que la sostiene!
ya nadie alrededor
no más ojos
mis ojos los buscan y sólo encuentran bocas tragando
una casa sola en el horizonte sobre el fin del sol
el tiempo
aunque constante
se desplaza inquieto
esas son las veces mejores
otras veces
el tiempo, perverso,
pretende ser estático
esas son las veces que más te extraño
tus ojos tranquilos desafían el tiempo

Por Pretexto Suárez

podría comer

Podría hablar

Sobre aquel día

en que te vi pasar

Sobre el color de mi mierda

durante la enfermedad

Sobre el viento helado

sobre mi cara mojada

Sobre una montaña

ladera al mar

Podría hablar

de los sueños que soñé

en el momento más oscuro

ese en que la noche

sabe que va a morir

Podría hablar

del rostro de mamá

en el primer encuentro

mudo

de la mañana

Podría hablar de aquella vez

que me caí frente al tren

y de todas las veces que me caí

y de todas las veces que quise caer

Podría hablar

de la angustia

de ver al tiempo pasar

Del miedo al mañana

Del miedo al presente

Y de la sesgada

comodidad del pasado

Podría hablar

de los ojos de mis perros

Del ladrido que me pone alerta

Del ladrido que ignoro

y vuelvo a dormir

Podría hablar de aquella ruta

que tanto tiempo atravesé

Los libros que leí

Los lugares donde reí

Podría hablar

sobre los consejos vitales

y la esperanza de vivir.

En estos tiempos fatales

la evasión de la soledad

Prefiero comer

Por Pretexto Suárez

fluidos

Un libro de Roma en Roma

Hemos vuelto a la escuela

Un ejercicio práctico de los griegos y los romanos

¡Calla, calla!

No lo repitas ya.

Haz de la calificación un recto

y de la historia un cuento

Quisiera ver más cosas en profundidad

explorar por qué estoy acá.

Para ser profesor es menester

un recto gelatinoso poseer

prefiero el intestino seco del papel:

El eco.

No se si la gente se divierte o sufre

 

Por: Pretexto Suárez