conversión

En un momento me di cuenta de que no tenía más para decir, y esto era real y absoluto, como el cadáver de un hombre que no iba a revivir, ése era yo. Ya había hecho y dicho todo, todo lo que me pintaba, me surgía, quería o me carcomía, estaba todo desparramado en el mundo y ya comenzaba a olvidarlo. Así que morirme no me iba a morir, ¿para qué? La muerte no arregla nada, es otro comienzo, no borra nada, sólo perpetúa las cosas que están para ser dejadas atrás. Tampoco hay tanta necesidad de borrar: aprendí a vivir con la vergüenza, aprendí a vivir con la lujuria y con la frustración, las saludo, están ahí, cada vez menos interesantes.

En el medio, una laguna de paz donde existís y no existís al mismo tiempo. Es raro, ¿no? Vivir y olvidar, saber que viviste y no acordarte. Pero hay algo que sabe, como la sensación de lo que soñaste y no lográs recordar del todo.

En definitiva, te baja como una voluntad y bienvenida porque yo soy medio vago, medio dejado, nunca organizado, entonces qué me lleva, qué hace, si soy un inútil (no en teoría pero en los hechos sí), y sin embargo las cosas van saliendo, y no soy yo el que las hace. Pero la tranquilidad se instala. Me dejo llevar, cierro los ojos y veo mejor porque es más nítido el pulso de… Hay algo, definitivamente. Algo que hace.

Por Arduo Servidor

estoy más sosegado


Quién hubiera dicho que la cuarentena me traería tres entrevistas de trabajo. Ninguna tuvo éxito, por suerte. Yo no tengo éxito, por suerte. No me gustan esos trabajos a los que me presento, pero es lo que hay, y como tengo lo básico (comida, techo, calor), no codicio esos trabajos, que se los den a los que los necesitan. Sólo puedo pensar que mi elección universitaria… es medio triste.

Malas elecciones, antes muerto que ser artista. Que se escuchen las voces valiosas, las que trascienden el tiempo. ¿Yo quién soy? Ruido.
Ojalá que mi vocación de servidor no siga desperdiciada. Servir, pero de forma útil. Intenté ser voluntario pero tampoco es soplar y hacer botella. Hay que encontrarse en la labor y que la labor lo encuentre a uno.

Así que ahora siempre tengo monedas y comida para regalar a las ollas populares. Siempre tres kilos de arroz, muchas latas de choclo. Hago los favores que me piden, siempre. Es cuestión de sobrevivir en la consciencia, darse, darse, para perderse (perderse es levantar anclas y dejar que la vida te lleve, no precisás ni moverte). Y sobre todo, no consumo. La vida es pa’ adentro, ni viajes consumo. Puedo estar frente a las olas y los arrecifes en el sentimiento, con la imaginación. Es mucho más real. No estoy en ningún lado, salvo en el tiempo que tengo para regalar. Pedime algo y soy feliz.

Por Arduo Servidor

otra entrevista laboral exitosa como siempre

Soy un fiasco y una mentira, útil sólo para los lagrimones que gotean automáticos, a veces más ásperos, siempre vacíos. Ya pasó el estrés de enero, de muchos eventos y ningún pago. Sin rédito pero con la fricción del verano, del tiempo malgastado y los viajes circulares a las playas enfriadas bajo los rayos de un sol vengativo. Sin acompañantes, con un perro guía, con un novio que solo trabaja y una familia que se arrastra.

Pasan las horas y soy un fiasco, no consigo descifrar LinkedIn. No consigo ser mi marketing, my friend, cowork, cogida por el ámbito laboral pero qué bien la billetera, qué bulto tan lucrativo el tuye.

Mi marketing es la mentira construida, la mentira es que ya no sé servir. Me encuentro desparramando lágrimas, con dolor en el pecho. Virtualmente, deshecho. Pero ya pasó, ya puedo viajar, ir a Europa, mamar.

Ir y volver, porque allá no está mi lugar. Mi lugar es atornillarme acá. A mis amigas divinas de Dinamarca, un beso francés y dos costillas, apoyado en ellas y teñida de rubio voy a descender la montaña, como quien baja de las canteras del Parque Rodó, susurrando que acá en Uruguay todo es chate y aburride y nada me deja ser.

Mentira a todo esto, mentira a la ambición, juro mentira a la depresión también. Abominación. Termino este texto diciendo: sean felices. No escapen de sí mismes. No tengan miedo ni vergüenza. Odio ese barrio con toda mi alma.

Por Arduo Servidor

veo gente pasar

Veo gente pasar.

Ella tiene 25, es morena, va, es negra. Discute todas las noches con su novio y por eso sale a fumar y a caminar.

Él tiene 26 y está yendo a coger con alguien que no conoce.

Él tiene 27 y está perdido. Tomó y fumó y camina con gente a su costado, aunque nunca los vuelva a ver.

Ella tiene 28 y tiene miedo. Camina apurada. Está cansada. Su mochila es pesada.

Él teme llegar.

Él piensa que es muy tarde.

Ella no recuerda qué hará mañana. Sabe que​ tiene que dormir. No dormirá lo suficiente.

Él tiene 30. Y está rompiendo mi corazón. Desde el futuro, él lleva mi corazón roto.

Yo aún no cumplí.

Por Arduo Servidor

soy un perdedor

Soy un perdedor. Me perdí en mi propia casa, perdí todos mis pares de lentes (uno de ellos nunca volvió a aparecer), he perdido la cordura, sobre todo pierdo los lunes y a fin de mes. Los demás se encuentran mejor, pero tampoco se estresan mucho. Si están perdidos, que lo dudo, ellos no lo saben. Capaz que siempre estuvieron cerca, cerca de todo, del dinero, de sus familias, de gente que los reconoce y reconoce que han sido siempre los mismos.
Yo no.
Yo me pierdo.

Por Arduo Servidor

¿cuánto tiempo?

¿Cuánto tiempo de tu vida estuviste drogado? Sin realmente estar ahí. Evadiéndote. En un lugar mejor.

¿Estabas muy drogado? ¿Te acordás qué sentías? Sí viajabas. Sí volabas. Sí te hundías y se iba tu identidad. ¿Y eras todo?

¿Cuántas veces deseaste escapar? ¿Y cuántas veces volviste? Volvés a estudiar. Volvés a la rutina. Y la rutina, como la droga, te asegura.

Hay personas que se dedican a juzgar y ajusticiar a los demás. Te dicen “vos estás bien”. “Lo hiciste bien”. “A vos te falta”. “Vos te vas, te vas y volvés, vas de vuelta”. A esa gente hay que matarla. Porque esa gente te mata. Y te vas, a la droga, a buscar otra gente, o a buscar mentiras. Algunas mentiras van contigo, otras te contradicen. Y así, rápidamente, ya es lunes y tenés que despertar.

Por Arduo Servidor