Mujeres de hombros redondeados
con el pelo lloviendo hasta el ombligo
con manos huesudas
duermen en cabañas de madera
en medio de bosques
y es verano,
cuando el aire huele a limón
y a ciprés.
Hombres usan sus hombros en autos
que los llevan a lo que no quisieron
pero quieren creer que sí
y quieren convencerte a ti
de que quisieron
y no tienen vergüenza del miedo
pero ése es el color de su vida.
Cuidado. Son peligrosos.
Quieren atropellarte.
Pero, ¿quién habla?
La voz de farol
una estrella en la niebla
que empaña tu ventana.
Una visita milagrosa
que no viste venir
igual que tu nacimiento.
Un destello inútil
tan bello
que pasa desapercibido.
Un río de palabras
tan fresco
que podrías renacer
y vivirlo todo de nuevo.
Mujeres. Hombres. Estrellas. Ríos.
Nos extraño en un recuerdo
que no me pertenece.
Por Sara de Barro