salí a comprar cigarrillos y me encontré con nuestra memoria convertida en las ruinas de un derrumbe mudo
todo es escombros esparcidos donde solía estar la vereda
que me tropiezan y evitan a los demás
de la casa francesa de la esquina que esa vez fantaseamos habitar sólo quedan los cimientos, garras de muertos vivos que del suelo quieren escapar
del café donde nos sentamos a reír sólo quedan las columnas, enlaces macizos con el cielo esquivo
la calle se estira hecha hueco lleno de polvo, inhóspita como tu mirada, austera como tus maneras,
recuerdo de berlín en la posguerra
las grúas quietas como mojones emergen culpables de la destrucción, irguiendo sus largas vergas en medio de la victoria,
afilando sus puntas para escribir la Historia
tiras de nailon amarillas dirigen el camino hacia un destino a pesar de intrincado anunciado, si bien esperado nunca asimilado
eterno laberinto que muere y morirá en el mar porque a ése sí que no lo pueden derrumbar
tampoco al invierno, al azul tibio de las montañas ni al vuelo ralentí de los caranchos, tampoco pueden evitar que huela como a un perfume el paisaje que se escurre a toda velocidad
lejos, mucho antes del paisaje inclemente de la desolación.
–me detuve para poder recordar tu rostro–
recordé en su lugar la grieta que ignoré justo al llegar la vi avanzar a tarascones
y las luces amarillas que la rodean titilan locas como la ciudad
también ahí estuvo el sonido del avión y la idea de la huída
también entre las manos del portero entre sus dedos que se siguen estirando para alcanzar el botón que él ya sabe me va a mostrar las
ruinas de dentro y fuera
Por Pretexto Suárez