escapo

El frío de la noche revuelve mis cenizas
remueve mis pensamientos como mar en coche
deseo dejar atrás estos impulsos
pero me resulta difícil conducir mi cuerpo
en esta ciudad rota
en este tiempo de incertidumbre
me brindo ante todos y todo
con una armadura blanca pero traslúcida.

Con mis amigos voy de frente
me desnudo y acaso hablo de espaldas
al frío aire de agosto
al impenetrable escudo de la noche indómita
me congelo en las fauces de la estúpida noche
intento ver quién soy pero creo que no quiero.
Lamento hacer esfuerzos por desvanecerme
entre la muchedumbre que grita pero calla
por los rincones oigo alaridos de desolación
y entre la gente siento la tristeza caer
como una maza en la noche helada
con rencor, con recelo
huelo su perfume de ironía y letargo.

Me encierro a saborear mis heridas dolientes
me escondo a jugar al alarido enfermizo
me enfrento al hueco indolente
de ser otro ante mis propios agujeros
que dejan pasar luz ineludible.

Estoy cansado de perdonarme
estoy sediento de mentiras y escapes.
Pongo aquí mi frustración de no ser yo

una vez más

escapo porque me siento acorralado
en la noche helada hago este descargo.
Porque todos huyen de su realidad triste
de su verdad amarga como el agua turbia.

Deberías ser más febril y tener más prurito
por desencadenar las bestias que te roen
pero por algo sos así, anquilosadas las manos debés volcar con fruición tus espumas
sobre el presente seco y árido
que nutran las grietas y así envejecer con furia
así que brote la cana estupefacta
tener en cuenta el secreto de la oxidación
y aplicarlo en el fragor de la batalla.
Practicá tus piruetas de diamante
anhelá ser tu propio estandarte ante la nada despojado de palabras. Sólo hacelo. Sólo ponelo ahí.
Que las semanas vuelan y tus trapos ni tiemblan.

Por Quique Toscano

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