Todas las ciudades están a la intemperie. Montevideo también.
Hubo un tiempo en que añoraba su pasado, contado por otros, alimentando en lo profundo de mí una melancolía de folleto turístico, de tango olvidado, que echó raíces. Y la ciudad me recompensaba.
De esas raíces concebí frutos secos, muertos de antemano, pero no por ello menos bellos que un higo resplandeciente y fresco. Miento. No sé si había belleza, pero sí amor. Y nostalgia de un pueblo que por un momento se creyó su propia existencia.
Cien años. Un mundial. Un cantor. Una patria.
Mientras deambulaba y el devenir se ocupaba de desmentir mis fábulas, mi galería privada de recuerdos ajenos, me enredaba en disputas futboleras, experimentaba el temblor en la intimidad, me creía un papel. Una parte, dicen los tanos. Y al representarla, un espejismo reemplazaba al otro, y un palacio hecho del soplo del viento de la rambla Sur se instalaba cómodo en el sillón cordón de la vereda a leer los mitos de aquel proyecto nación. Sus tejes y manejes, su solemnidad carnavalesca.
Aguada, Palermo, Buceo… un collar de perlas hermanas unido por la insistencia de una gente que no busca las respuestas fuera sino dentro, en el fondo de un aljibe, en el chirrido de la cadena que levanta el balde inquieto. En el reflejo del agua la patria, el cantor, allá borroso un mundial… Pocitos, Cordón, Ciudad Vieja…
Y si la patria se revela en el agua manoseada como la pelota de corcho del futbolito de un bar, la culpa siempre es de los otros. Y si la patria se rebela…
En el espejo un hermano mayor, agrandado como pocos, cancherito y sobrador. Talentoso, siempre con minas, le pega con las dos. En el brillo de su gomina impecable el augurio del reguetón y la pipa, una procesión de pérdidas en blanco y negro. Una derrota compartida, culpas lanzadas a diestra y siniestra de una orilla a la otra.
La memoria un tubo de ensayo… y mi ciudad, al despertar, despojada de romanticismos y mitologías, después del sueño imposible de reconocernos por el olor… todavía respira, todavía hace eco.
Por El Iluso