Quién hubiera dicho que la cuarentena me traería tres entrevistas de trabajo. Ninguna tuvo éxito, por suerte. Yo no tengo éxito, por suerte. No me gustan esos trabajos a los que me presento, pero es lo que hay, y como tengo lo básico (comida, techo, calor), no codicio esos trabajos, que se los den a los que los necesitan. Sólo puedo pensar que mi elección universitaria… es medio triste.
Malas elecciones, antes muerto que ser artista. Que se escuchen las voces valiosas, las que trascienden el tiempo. ¿Yo quién soy? Ruido.
Ojalá que mi vocación de servidor no siga desperdiciada. Servir, pero de forma útil. Intenté ser voluntario pero tampoco es soplar y hacer botella. Hay que encontrarse en la labor y que la labor lo encuentre a uno.
Así que ahora siempre tengo monedas y comida para regalar a las ollas populares. Siempre tres kilos de arroz, muchas latas de choclo. Hago los favores que me piden, siempre. Es cuestión de sobrevivir en la consciencia, darse, darse, para perderse (perderse es levantar anclas y dejar que la vida te lleve, no precisás ni moverte). Y sobre todo, no consumo. La vida es pa’ adentro, ni viajes consumo. Puedo estar frente a las olas y los arrecifes en el sentimiento, con la imaginación. Es mucho más real. No estoy en ningún lado, salvo en el tiempo que tengo para regalar. Pedime algo y soy feliz.
Por Arduo Servidor