A la llegada del lucero
dormimos en el valle,
un hotel de mil estrellas.
El río lamía las heridas de guerra.
Amores pasados sonreían en lo alto.
Abajo la sinfonía nocturna
de luciérnagas vagabundas
y de hojas que sudan
el verano en rocío.
Rodeados de testigos
hicimos el amor
mientras el río
con cristalino rumor
nos recordaba
que el tiempo no espera
y aquella historia nuestra
un milagro del encuentro
entre dos almas humanas.
El recuerdo es un destello
en esta noche estrellada.
Por Sara de Barro