Diría que eres un tigre.
Mirándome con tus ojos,
como dos monedas brillando
al fondo de las gruesas hojas.
Y cuando el rumor líquido
te orientara al bajofondo del río,
se iría contigo mi peligro
mas yo te seguiría.
Eres un tigre hambriento
que se rehúsa a comer,
no es el hambre sino la gloria
para ti el amanecer.
Gloria.
Conmigo temes perderla
y con ella a tu memoria.
Yo como sea te sigo
corriendo palmas y espinos
sin faltar nunca tu vista.
Voy cautivada en el albor anaranjado
que refleja nuestros pelajes helados.
El mundo cabe en un pensamiento.
Pisadas tibias en el barro denso.
Me agacho a beber y te miro
sin simulacros ni tensión.
Arrogante y cruel,
culpable de tu sino.
La terrible violencia de esos ojos.
Estoy preparada para todo.
Por despiadados que sean los embistes,
desde el abismo de los tiempos resisto.
Duermo tranquila bajo llorones cielos tristes
porque fueron tus huesos los que reclamó el río.
Por Sara de Barro