Negro pantano, alta montaña.
Bajo tu sombra durmieron
los anarquistas de España.
Oh, montaña, negro pantano.
Aún devuelves el eco
de perseguidos yugoslavos.
Echado en una roca, junto al mar amarronado.
Miro fijo al horizonte, a donde se fue mi humano.
Las nubes como heridas en el mar atigrado
semejan mi pelaje, negro, gris y anaranjado.
Hace soles que lo espero,
Con el creer sincero
De que por ahí ríe.
Me sumerjo en el recuerdo
Claro y profundo
Y mi humano ríe,
A pesar del mundo.
Quieto y sereno, parpadeando lento,
Pienso en mi humano, que era un niño.
Extasiado y rabioso en el vapor violento.
Golfo tropical,
la muerte no está mal,
si me lleva a tu dulce aullido irreal.
Valle divino,
la muerte sobrevino
en el crepúsculo rodeado de asesinos.
Llanura desnuda,
y en la sorda tierra dura,
mi divino hermano en su eterna tumba.
Por Sara de Barro