Era tarde para mi hermano,
iris fundido en un sueño africano.
La fiebre es púrpura, hirviente fibra,
las tablas temblaron, la quietud viva
fue la pausa de los vivos y, animada,
la ignorada materia vibró afanada.
Noche de luna
arábiga duna,
obra del viento y de la bruma.
La desciendo y deformo.
La arena de huellas adorno.
Mis pies son los de un viejo
que camina solo los cerros de oro.
Mi hermano vuela y es tarde.
Lo arrullan sábanas que arden.
Sumerge un pie en el arroyo,
El agua oscura, el monte criollo.
¿Olvidaste, hermana, aquellos juegos primitivos?
Miro furtiva sus ojos hondos,
recuerdo el profundo azul redondo.
Implacable arruga, como un río,
Hija de un deseo oscuro y frío.
Apenas chispas en las ventanas,
también azul es su estela helada.
Consume ya esa tristeza y abandona el gris abrigo.
Por Sara de Barro