el espejo de jade

Desde las arcas del distrito de Tawang, apenas un grano del Himalaya que comparten India y Bután, llega un relato inconcluso. Un rompecabezas con piezas faltantes, un rastro en peligro de extinción, como la misma lengua Dakpa que le da origen.

Un grupo de soldados de la Compañía Británica de las Indias Orientales, encontró refugio en un pequeño pueblo de montaña a las afueras del distrito, luego de firmada la “falsa paz” en 1730. Al menos así lo cuenta el diario de Dorian Mirren, un soldado desertor luego de reanudado el conflicto. Mirren quedó encantado, según cuenta él mismo en sus pasajes, con el aire, con la montaña, con el valle, con la lengua, pero sobre todo con el reflejo.

Pero poco se sabe con certeza de él o de su cordura. Es que pasados dos años, se ve una mutación en el diario de Mirren; y es aquí donde comienza el misterio. Del cálido Mirren del idioma ingles a uno tosco y turbulento, por momentos incomprensible en su Dakpa. Quizás una de las lenguas no conjuga conceptos de igual forma que la otra, quizás Mirren no haya alcanzado un buen manejo del Dakpa. Lo cierto es que el hombre dejó atrás su vida de soldado británico, dejó atrás su pedacito de tierra en Sussex, a una mujer y a dos niñas de apellido Mirren. Dejó atrás su lengua.

“Soy pero no soy. Me muevo igual pero no me veo igual. Le temo a mi reflejo, me atrapa, no puedo escapar la tentación de verme en verde. Todos los días, días de corrido, noches y más noches veo a quien me ve. Todo se ve igual, yo no me veo igual, nadie quiere acompañar. Le temen al jade, saben pero no saben, no quieren saber. Soy pero no soy.”

Las traducciones mejor logradas del diario de Mirren en sus ultimas paginas en Dakpa, revelan retazos de alucinaciones algo poéticas, con una preocupación recurrente, su reflejo. Es probable que el pobre Dorian Mirren haya contraído la “fiebre tibetana”, enfermedad común y muchas veces letal para los europeos de la época que visitaban el Himalaya.

Tomado de las notas de Cándido Hefesto.

Por Ojo Rojo

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