Buenas noches, amigo lector. Para mí es un orgullo colaborar con esta revista, con un nombre raro y que edita mi querido amigo Víctor Aguerre Quiró, personaje de la vida si los hay. Lo que voy a tratar de comunicarle son historias reales, vividas por mí y con testigos vivos. Pues hoy les comentaré un caso que a mí me pareció bizarro, en fin…
Antes debo de aclararles que soy un hombre ya entrado en años y mi memoria no anda muy bien, (tampoco la de Vázquez anda bien). Ustedes pueden creer que ya pasaron algunos años desde 1981, después les contaré por qué me acuerdo de la fecha, porque yo no soy un simple mortal, pienso vivir toda la vida, y los que pensamos vivir toda la vida no llevamos registros de años, ni de meses, ni fechas de cumpleaños, ni tiempo de internación en el psiquiátrico. Yo tenía una novia muy fea, tan fea que no me gustaba despedirme de ella y un día me dijo desde el 19 de setiembre que no me das un beso. Ahí aproveché a terminar con ella porque era una simple mortal. Me sentí liberado, pero lo cierto es que me acuerdo que fue durante el año 1981 porque recién habían salido las camionetas Chevrolet, esas grandes que usaban los estancieros en campaña, y tener una de esas era señal de opulencia, de que las cositas andaban bien.
La anécdota fue en un bar de campaña, más precisamente en lo de Garengo, en la intersección de las rutas 6 y 56, en el departamento de Florida. Hasta estos días se conserva la estructura del Bar y Almacén, ahora creo existe otro tipo de negocio.
Tal vez usted no sepa cómo era ese tipo de almacén y bar pero trataré de contarle brevemente. Consistía en un mostrador largo donde una parte era almacén, en la que podías comprar todo suelto, y la otra parte del mostrador era bar. Allí también había un billar, infaltable por aquellos tiempos, donde la gente de campaña mataba su ocio y su tiempo, sobre todo los fines de semana. Esto que quiero relatarles pasó un día entre semana, solamente estábamos el Jacinto, un peoncito de estancia que le gustaba más matar su tiempo en el bar que en el trabajo, y yo. Jacinto era más bien chiquito, flaco, usaba gorra de vasco, bombachas gastadas, zapatillas rueda (creo que ya no vienen más), y tenía toda la picardía que sólo te da el boliche y la campaña. Estaba sentado en un banquito que también se usaba para jugar al truco, tomaba un vino, el vaso medio vacío (y no es la teoría del pesimista y el optimista) sí, medio vacío el vaso de vino.
En ese momento en que habíamos entablado una amable charla con Jacinto, en la que también intervenía el dueño de casa, frena de golpe una Chevrolet último modelo y se baja una mujer de unos 30 y pico de años, más bien corpulenta. No estoy en condiciones de dar más detalles de sus senos ni otras partes porque no vienen al caso. Se baja, botas, bombachas nuevas, bien lavadas y planchadas, e irrumpe como una ráfaga en el tranquilo boliche y dice bolichero deme una caña y mirando al Jacinto le dice yo soy Dolores, soy ingeniera agrónoma, me gusta tomar caña, jugar al truco y me gustan las mujeres. Sí, soy lesbiana. Y le pregunta al Jacinto, que a esa altura estaba cada vez más chiquito, ¿y usted qué es? Jacinto, con su habitual rapidez y picardía le responde, yo… lesbiano.
Hasta la próxima.
Por Menecucho